La neuroeducación en Educación Infantil

Por todos es sabido que, entre los 0 y los 6 años, se modifica funcionalmente el cerebro por su uso o por su desuso durante esta etapa.

En este aspecto, nos podemos dar cuenta de la importancia de promover una enseñanza basada fundamentalmente en el desarrollo del cerebro. Para facilitar este proceso, nace la neuroeducación o, lo que es lo mismo, la necesidad de potenciar el proceso de aprendizaje de los niños y niñas partiendo de la base de que la emoción y el conocimiento van juntos.

Dicho así, parece que tiene mucho que ver con el aprendizaje significativo. Sí y no. Teniendo en cuenta que el cerebro madura en tiempos diferentes a lo largo de la infancia y se va desarrollando por etapas, debemos adaptarnos a ello. Por eso, este método de aprendizaje tiene muy en cuenta, además de al entorno del propio niño, su propio desarrollo cerebral con una finalidad crucial: su felicidad.

La neuroeducación respeta el nivel evolutivo en el que se encuentra el niño o la niña y se ajusta a su infancia en todo momento.

Desde que nacemos, nos rodea un ambiente que favorece nuestra exploración. Nacemos para estar conectados. Entonces, ¿por qué día tras día nos vamos desconectando más de los demás y, en consecuencia, de nosotros mismos?

Día tras día podemos observar en nuestras aulas niños y niñas con falta de empatía, con falta de control de sus propios sentimientos y, lo que es más grave, llenos de una felicidad efímera y momentánea.

Nos estamos acostumbrando mucho a educar con pantallas. Y esto no quiere decir darles a nuestros hijos este tipo de materiales; simplemente viéndonos a nosotros el uso que les damos, ellos están imitando y aprendiendo a ser cada vez más individuales.

Como he dicho antes, nacemos para estar conectados unos a otros. La neuroeducación trata de conseguir justamente todo esto. ¿De qué sirve que un niño de 5 años sepa dónde está Asia, si no sabe dónde colocar sus sentimientos?

La neuroeducación trata de despertar nuestra curiosidad, trata de enseñarnos despertando nuestra emoción y motivación consiguiendo, de este modo, que tengamos cada vez más y más ganas de aprender. No se trata de “abrid los libros por la página 10 y realizad la tarea”. No. Se trata de que los niños y niñas tengan ganas de aprender.

 

Cómo trabajamos en Nuno Nono la neuroeducación

Aquí en Nuno Nono, cuidamos mucho la manera en la que aprenden los niños, y tratamos de dejar en ellos una huella imborrable que perdure en el tiempo.

En este aspecto, enfocamos nuestro trabajo de forma global, sin asignaturas propiamente dichas. Por ello, nos vimos en la necesidad de crear un proyecto propio como hemos hecho.

Cuidamos cada espacio de nuestras aulas y el ambiente para que visualmente les provoque bienestar a nivel cerebral. Además, favorecemos las relaciones interpersonales a través del aprendizaje cooperativo (con juegos de equipo no competitivos, asignando logros que deban alcanzar a nivel grupal, etc.), y de la educación en valores, poniendo ejemplos de situaciones cotidianas que pueden encontrarse en el día a día. Todo ello, ayuda a fomentar el pensamiento propio y la actitud crítica.

No forzamos, no intentamos “embutir” conocimientos. Debemos ser conscientes de que esto provoca estrés y un negativismo crónico. Y cuando esto sucede, estamos “fabricando” un cerebro inestable. Valoramos también la necesidad de descanso.

Según la neuroeducación, el cerebro solamente aprende si hay emoción. Por ello, esta es nuestra labor día a día: motivar y despertar la curiosidad en nuestros alumnos/as.

 

Qué podemos hacer desde casa

Debemos tener muy clara la diferencia entre felicidad momentánea y felicidad duradera. Cuando compramos a nuestro hijo/a el juguete que quiere, le provocamos una felicidad momentánea, algo efímero. Si invertimos tiempo con ellos, juegos en los que nos interrelacionemos, salidas al aire libre, actividades motivadoras, etc., estaremos trabajando con ellos la felicidad duradera. Y os aseguro que esta es la más importante, ya que nos va a acompañar el resto de nuestras vidas.

En los tiempos que corren, es mucho más fácil conseguir la primera, y es triste. Digo que es triste porque cada vez hay más niños y niñas que tienen muchas cosas materiales y que no por ello son felices. Les hacemos un flaco favor cara hacia su futuro.

Eduquemos a nuestros hijos a pensar, a conectar, a ponerse en el lugar del otro, a comprender el mundo, a frustrarse, a manejar las situaciones. No se lo demos todo hecho “por acabar antes”.

Favorezcamos ambientes en los que puedan explorar, saltar, reír, mancharse. Van a ser niños solamente AHORA. Conectemos su cerebro con todo lo estimulante que tienen a su alrededor, que no es poco. Solamente así, estaremos educando niños felices.

Me despido con una frase que leí hace poco:

“Abrígales la infancia y no pasarán frío el resto de su vida.”

 

Isa.
Maestra tutora de 5 años.